El Poder de los Anclajes
vie/ene/2012 21:18 Clasificado en: Actualización profesional | PNL
Recordarás alguna ocasión en la que al entrar a algún lugar, el aroma que percibiste automáticamente te trajo un recuerdo particular, o quizá en otro momento, el escuchar una melodía te hizo recordar alguna persona especial para ti. O probablemente el sabor de algún platillo también te hizo evocar el sazón de como guisaba tu mamá o tu abuela. Bien, cada una de estas situaciones son estímulos que, de alguna manera, actúan como disparadores de algo en particular que está almacenado en tu memoria. Estas reacciones, en el campo de la Programación Neurolingüística (PNL) se conocen como anclas.
Un ancla o neuroasociación es un estímulo visual, auditivo y/o kinestésico, que está asociado a una experiencia y trae un estado neurológico determinado. Vivimos anclas sensoriales o espaciales automáticas como nos ocurre con las fotografías, ciertos olores, una expresión de alguien o un tono de voz, una determinada forma de acariciar.
Un ancla es cualquier estímulo que da acceso a un estado neurológico, emocional y/o fisiológico y son tan obvias y están tan extendidas que apenas las reconocemos.
En muchas actividades cotidianas, el anclaje desempeña un papel esencial. El pintor que recuerda un rostro o un paisaje y se inspira automáticamente, está utilizando un ancla. El semáforo es un ancla para el conductor. Aunque vaya absorto en sus pensamientos o en una conversación con su acompañante, basta que la luz roja entre por su vista para que su cuerpo realice una serie de cambios instantáneos.
En PNL, las anclas corresponden a lo que la psicología conductual denomina “reflejos condicionados”.
A diferencia del conductismo, en la PNL establecemos deliberadamente el enlace entre el estímulo sensorial y la respuesta. En ocasiones escogemos el anclaje y lo usamos de acuerdo a nuestras decisiones. Es una expresión de nuestra libertad.
Desde el punto de vista de la Programación Neurolingüística, el anclaje corresponde a la capacidad de nuestro sistema nervioso para almacenar y asociar a un estado interno un conjunto de señales que recibe de uno o varios canales sensoriales. Éste podrá ser reactivado cuando nuestro sistema nervioso reconozca toda o parte de la información del anclaje.
Un ancla se reactiva por algo que vemos, escuchamos, tocamos, saboreamos o sentimos, y despierta en nosotros un estado interno al que nuestro sistema nervioso ha asociado algunas emociones, devolviendo así espontáneamente la experiencia principal, de forma más o menos intensa.
La experiencia de Pavlov nos permite ver de forma simplista el principio del arco reflejo en un sistema de condicionamientos y desencadenamientos de mecanismos fisiológicos, que Pavlov experimentaba en los perros.
Si por ejemplo, naces en un lugar donde hay mar, y tu infancia es feliz en ese lugar, tu cerebro codifica y graba en tu memoria, con todos los componentes sensoriales de tu propia experiencia: la vista del mar, de la arena y el sol; el ruido del oleaje y de tus amigos con los que juegas; la sensación de la arena bajo tus pies, del viento en tu cuerpo; el olor del agua y su sabor salado en tus labios: borde del mar = placer, bienestar, etc. Cuando más adelante encuentras toda o tan solo parte de esta información, sientes las emociones que tu cerebro le ha asociado. Por lo tanto, si en algún momento te encontraras al borde de un lago, también podrás recuperar esas sensaciones y emociones, aunque no tengas toda la información de la experiencia completa a tu disposición.
Literalmente estamos inmersos en un entorno que reactiva regularmente anclas, ya sean positivas o negativas. De hecho, muchos anuncios espectaculares, programas de radio y televisión tienen gran éxito debido a este principio.
Tipos de anclas.
Inconscientemente, utilizamos dos tipos de anclas: el ancla sensorial y el ancla espacial, con dos tipos de consecuencias: sus efectos negativos (bloqueos) y sus efectos positivos: (recursos). Y conscientemente, podemos, a voluntad, crear anclas que nos llenen de recursos en los momentos en que más los necesitemos.
1. Anclas sensoriales. Son aquellas cuyos estados neurológicos, emocionales y fisiológicos están vinculados a los canales perceptuales. El hecho de ver, oír, tocar, adoptar una actitud, moverse, sentir y/o saborear algunas cosas, desencadenará en nosotros un cierto estado neurológico, emocional y/o fisiológico que hemos grabado y vinculado al detonante en nuestra memoria y sistema nervioso. El hecho de que alguien, por ejemplo tu jefe, te hable de una forma u otra, provocará en ti distintos tipos de reacciones que posiblemente sean de tipo inconsciente en la mayoría de los casos. Esto es el resultado de esta asociación neurológica.
Ejemplos de anclas sensoriales:
Visual: rostros, paisajes, banderas, lugares, etc.
Auditivo: canciones, melodías, himnos, palabras, voces, etc.
Kinestésicos: actitudes, gestos, movimientos, tacto, etc.
Olfativas: perfumes, olores de cocina, olores típicos de un lugar, etc.
Gustativas: alimentos, bebidas, sabores particulares, etc.
2. Anclas espaciales. Son aquellas que son reactivadas por lugares, espacios, disposiciones, etc.
Como ejemplos de este tipo de anclaje tenemos ubicaciones, rituales vinculados a ciertos lugares, disposición de las cosas, muebles, cuadros, etc. Incluso, cuando visitas las instalaciones de distintas empresas, tendrás sensaciones diferentes. Esto es provocado por los diferentes anclajes que ya tenemos instalados.
3. Anclas creadas. La clave para la creación de anclas es la recreación de una vivencia fuerte y profunda que la asociamos con un estímulo sensorial –imagen, sonido, sensaciones y emociones– éste se va a asociar con tu estado neurológico, emocional o fisiológico. Entonces sucederá que al encontrarnos con ese mismo estímulo, vamos a revivir ese estado emocional.
Podemos crear nuestras propias anclas, es decir, un estímulo sensorial que produzca una respuesta automática e instantánea. El anclaje, entonces, es una asociación que creamos entre nuestros pensamientos, ideas, sensaciones, o estado neurológico, emocional y/o fisiológico, y un estímulo determinado (puede ser visual, auditivo, kinestésico, olfativo o gustativo).
Un ancla puede ser instalada y utilizada conscientemente en procesos de aprendizaje, desarrollo personal, motivación, terapia, etc.
Las técnicas de anclaje de la PNL nos permiten canalizar la emoción para actuar en tres niveles:
• La desactivación consciente de un ancla limitativa.
• La instalación consciente de un ancla de recursos (para obtener determinados resultados).
• La reactivación de un ancla de recurso.
Pasos para crear un ancla
1. PROVOCAR EMOCIONALMENTE EL ESTADO FISIOLÓGICO DESEADO, viendo lo que viste, escuchando lo que escuchaste, sintiendo lo que sentiste.
2. LOGRAR EL MÁXIMO DE INTENSIDAD Y PUREZA DEL ESTADO.
3. USAR EL MISMO Y ÚNICO ESTÍMULO. El estímulo elegido debe enviar al cerebro una señal diferenciada.
4. REPETICIÓN DEL PROCESO Y RÉPLICA EXACTA DEL ESTÍMULO.
Puedes crear anclas para diversos estados de recursos:
• Ancla de la curiosidad.
• Ancla de la creatividad.
• Ancla de la paciencia.
• Ancla de la relajación.
• Ancla de la confianza y seguridad.
• Ancla del buen humor.
• Ancla de la captación rápida.
• Ancla del amor.
• Etc.
Incluso, si vas creando diferentes anclas, puedes llevar una relación para cada ancla y para qué la generaste.
Anclar los estados neurológicos de plenitud de recursos personales para volver a utilizarlos es una habilidad necesaria en estos tiempos llenos retos, peligros y oportunidades, y resultará más fácil cuanto más la practiquemos.
Estimad@ amig@ lector, ¿qué anclas vas a desarrollar tú?
Un ancla o neuroasociación es un estímulo visual, auditivo y/o kinestésico, que está asociado a una experiencia y trae un estado neurológico determinado. Vivimos anclas sensoriales o espaciales automáticas como nos ocurre con las fotografías, ciertos olores, una expresión de alguien o un tono de voz, una determinada forma de acariciar.
Un ancla es cualquier estímulo que da acceso a un estado neurológico, emocional y/o fisiológico y son tan obvias y están tan extendidas que apenas las reconocemos.
En muchas actividades cotidianas, el anclaje desempeña un papel esencial. El pintor que recuerda un rostro o un paisaje y se inspira automáticamente, está utilizando un ancla. El semáforo es un ancla para el conductor. Aunque vaya absorto en sus pensamientos o en una conversación con su acompañante, basta que la luz roja entre por su vista para que su cuerpo realice una serie de cambios instantáneos.
En PNL, las anclas corresponden a lo que la psicología conductual denomina “reflejos condicionados”.
A diferencia del conductismo, en la PNL establecemos deliberadamente el enlace entre el estímulo sensorial y la respuesta. En ocasiones escogemos el anclaje y lo usamos de acuerdo a nuestras decisiones. Es una expresión de nuestra libertad.
Desde el punto de vista de la Programación Neurolingüística, el anclaje corresponde a la capacidad de nuestro sistema nervioso para almacenar y asociar a un estado interno un conjunto de señales que recibe de uno o varios canales sensoriales. Éste podrá ser reactivado cuando nuestro sistema nervioso reconozca toda o parte de la información del anclaje.
Un ancla se reactiva por algo que vemos, escuchamos, tocamos, saboreamos o sentimos, y despierta en nosotros un estado interno al que nuestro sistema nervioso ha asociado algunas emociones, devolviendo así espontáneamente la experiencia principal, de forma más o menos intensa.
La experiencia de Pavlov nos permite ver de forma simplista el principio del arco reflejo en un sistema de condicionamientos y desencadenamientos de mecanismos fisiológicos, que Pavlov experimentaba en los perros.
Si por ejemplo, naces en un lugar donde hay mar, y tu infancia es feliz en ese lugar, tu cerebro codifica y graba en tu memoria, con todos los componentes sensoriales de tu propia experiencia: la vista del mar, de la arena y el sol; el ruido del oleaje y de tus amigos con los que juegas; la sensación de la arena bajo tus pies, del viento en tu cuerpo; el olor del agua y su sabor salado en tus labios: borde del mar = placer, bienestar, etc. Cuando más adelante encuentras toda o tan solo parte de esta información, sientes las emociones que tu cerebro le ha asociado. Por lo tanto, si en algún momento te encontraras al borde de un lago, también podrás recuperar esas sensaciones y emociones, aunque no tengas toda la información de la experiencia completa a tu disposición.
Literalmente estamos inmersos en un entorno que reactiva regularmente anclas, ya sean positivas o negativas. De hecho, muchos anuncios espectaculares, programas de radio y televisión tienen gran éxito debido a este principio.
Tipos de anclas.
Inconscientemente, utilizamos dos tipos de anclas: el ancla sensorial y el ancla espacial, con dos tipos de consecuencias: sus efectos negativos (bloqueos) y sus efectos positivos: (recursos). Y conscientemente, podemos, a voluntad, crear anclas que nos llenen de recursos en los momentos en que más los necesitemos.
1. Anclas sensoriales. Son aquellas cuyos estados neurológicos, emocionales y fisiológicos están vinculados a los canales perceptuales. El hecho de ver, oír, tocar, adoptar una actitud, moverse, sentir y/o saborear algunas cosas, desencadenará en nosotros un cierto estado neurológico, emocional y/o fisiológico que hemos grabado y vinculado al detonante en nuestra memoria y sistema nervioso. El hecho de que alguien, por ejemplo tu jefe, te hable de una forma u otra, provocará en ti distintos tipos de reacciones que posiblemente sean de tipo inconsciente en la mayoría de los casos. Esto es el resultado de esta asociación neurológica.
Ejemplos de anclas sensoriales:
Visual: rostros, paisajes, banderas, lugares, etc.
Auditivo: canciones, melodías, himnos, palabras, voces, etc.
Kinestésicos: actitudes, gestos, movimientos, tacto, etc.
Olfativas: perfumes, olores de cocina, olores típicos de un lugar, etc.
Gustativas: alimentos, bebidas, sabores particulares, etc.
2. Anclas espaciales. Son aquellas que son reactivadas por lugares, espacios, disposiciones, etc.
Como ejemplos de este tipo de anclaje tenemos ubicaciones, rituales vinculados a ciertos lugares, disposición de las cosas, muebles, cuadros, etc. Incluso, cuando visitas las instalaciones de distintas empresas, tendrás sensaciones diferentes. Esto es provocado por los diferentes anclajes que ya tenemos instalados.
3. Anclas creadas. La clave para la creación de anclas es la recreación de una vivencia fuerte y profunda que la asociamos con un estímulo sensorial –imagen, sonido, sensaciones y emociones– éste se va a asociar con tu estado neurológico, emocional o fisiológico. Entonces sucederá que al encontrarnos con ese mismo estímulo, vamos a revivir ese estado emocional.
Podemos crear nuestras propias anclas, es decir, un estímulo sensorial que produzca una respuesta automática e instantánea. El anclaje, entonces, es una asociación que creamos entre nuestros pensamientos, ideas, sensaciones, o estado neurológico, emocional y/o fisiológico, y un estímulo determinado (puede ser visual, auditivo, kinestésico, olfativo o gustativo).
Un ancla puede ser instalada y utilizada conscientemente en procesos de aprendizaje, desarrollo personal, motivación, terapia, etc.
Las técnicas de anclaje de la PNL nos permiten canalizar la emoción para actuar en tres niveles:
• La desactivación consciente de un ancla limitativa.
• La instalación consciente de un ancla de recursos (para obtener determinados resultados).
• La reactivación de un ancla de recurso.
Pasos para crear un ancla
1. PROVOCAR EMOCIONALMENTE EL ESTADO FISIOLÓGICO DESEADO, viendo lo que viste, escuchando lo que escuchaste, sintiendo lo que sentiste.
2. LOGRAR EL MÁXIMO DE INTENSIDAD Y PUREZA DEL ESTADO.
3. USAR EL MISMO Y ÚNICO ESTÍMULO. El estímulo elegido debe enviar al cerebro una señal diferenciada.
4. REPETICIÓN DEL PROCESO Y RÉPLICA EXACTA DEL ESTÍMULO.
Puedes crear anclas para diversos estados de recursos:
• Ancla de la curiosidad.
• Ancla de la creatividad.
• Ancla de la paciencia.
• Ancla de la relajación.
• Ancla de la confianza y seguridad.
• Ancla del buen humor.
• Ancla de la captación rápida.
• Ancla del amor.
• Etc.
Incluso, si vas creando diferentes anclas, puedes llevar una relación para cada ancla y para qué la generaste.
Anclar los estados neurológicos de plenitud de recursos personales para volver a utilizarlos es una habilidad necesaria en estos tiempos llenos retos, peligros y oportunidades, y resultará más fácil cuanto más la practiquemos.
Estimad@ amig@ lector, ¿qué anclas vas a desarrollar tú?
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